viernes, 24 de diciembre de 2010

Las últimas palabras del condenado... "Solo es poesía"

Como es el sol.
Como usted y yo volando por el universo
sobre una roca que da vueltas para humillarnos.
Como usted yo volando libres, sin saberlo.
Créame señor.

Pesía.
Como la Verdad y la Belleza que se unen
en el vuelo de los gansos cuando cae la tarde,
en el canto de los árboles rajando el aire.
Poesía.

Como el valor.
Valor de los hombres que se consagran al arte,
que viven de sueños, de la belleza, del amor...
Así he vivido yo, muriendo, esfumándome.
¡Créame señor!

Amor.
¡Universal, verdadero, agónico, vivo!
Que te aprieta, te hunde, te salva y ¡si!, te inspira.
Es razón de todo, siempre, hasta que muramos.
Amor.

¿Y Ella?
Es lo único real que tengo, es mi musa.
Le ruego escriba mis últimas palabras señor,
que estoy condenado a muerte y me llega la hora.
A Ella:

Yo que un día te besé sin pensarlo, 
que hice de tu espalda mi universo
y mi único sustento era tu beso,
yo que por tí ahora estoy condenado...

Y si he de cambiar mi vida y mis huesos
¡ya me pueden arrancar el corazón!
Por haberte tenido entre mis brazos,
no hay condena más justa y mejor razón.

Te dejo mis palabras y mi sangre;
y mi vieja guitarra y tu recuerdo.
Son lo más bello que he llegado a tener.

Yo, poeta condenado que hoy muero,
que orgulloso inicio este largo viaje...
Yo. poeta condenado, TE QUIERO.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Poesía en caida libre III: tu recuerdo.

Soy el vuelo de tu falda,
tu sombra, tus huellas.


Siento el frío en tus manos,
tus latidos, tus pestañas.


Vivo al calor de tu recuerdo,
pensando tu perfume, consumido.


Sueño que te siento,
siento que me pierdo,
ciego
en tu recuerdo.


(15/12/2010) en una cafetería me acordé... y sonreí.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Te doy mis alas...

Limpia el vaho de tus mejillas y baila muñeca, 
que te doy mis alas para que abaniques mi alma,
y sacudas mi cama.


He cambiado tus zapatitos por botas de agua
para que saltes en mis lágrimas esta noche.
No hay quien borre tu fama.


Corté tu falda por debajo de mi cintura
para taparme cuando refresque con tus telas,
y verte las ideas.


No pares de bailar muñeca, no te detengas.
Que llevas mi corazón por pilas y ya es tarde,
es demasiado tarde.